Veintiocho años en Lampa y Colina, aprendiendo a estar sin estorbar.
Abrimos en 1998 en Lampa Centro, en un local de tres por cuatro, vendiendo lo mismo que todos: claveles y crisantemos por docena. Nos tomó años entender que el negocio no era la flor, sino el momento.
Hoy somos cinco sucursales —Batuco, Lampa Centro, Larapinta, Colina Norte y Colina Centro— y trabajamos casi exclusivamente con servicios funerarios, familias y capillas. Aprendimos a no preguntar de más, a confirmar por escrito, a llegar antes de la hora y a irnos sin que nadie note que estuvimos.
La flor la seguimos eligiendo nosotros, de madrugada, tallo por tallo. En un arreglo fúnebre no hay segunda oportunidad: se ve una vez y tiene que estar impecable esa vez.
Año de apertura
Coordinación continua
Sucursales
Promedio de reseñas
Llegamos al menos cuarenta minutos antes del servicio. Un arreglo que llega tarde a un funeral no sirve de nada.
Coordinamos con una sola persona de la familia y por escrito. No llamamos a confirmar durante el velatorio.
Sin relleno barato para inflar el volumen. Si el presupuesto no alcanza para el porte pedido, lo decimos antes.
Instalamos la pieza en el lugar, corregimos lo que haga falta y enviamos una foto de constancia.
Trabajamos en un contexto donde no existe el «lo arreglamos mañana». Por eso asumimos por escrito cuatro garantías, y las cumplimos sin discutir.
Cinco locales abiertos todos los días, con coordinación fúnebre las veinticuatro horas.